sábado, 23 de agosto de 2014

Momento de Diferenciarnos

¿Por qué ocultamos, por qué tapamos nuestros verdaderos pensamientos, sentimientos y actos? Creo que,la respuesta es sólo una: por temor a perder el aprecio de los demás.

Desde pequeños aprendimos a reemplazar nuestra integridad y nuestra propia fuerza y solidez interiores por el frágil cebo del afecto y apoyo de las otras personas. Ese apoyo es, sin embargo, volátil y muy condicional: lo tendremos sólo si nos atenemos a las condiciones de los demás, que cambian según la persona y la situación.

¿Cuál es nuestra verdadera naturaleza?
Este tema es amplio y tiene varios niveles. En el largo camino hacia el logro de una mayor congruencia, es claramente muy positivo descondicionarnos de las experiencias infantiles y de la influencia de nuestro entorno cultural que ahora nos limitan. Con esto, nos conectaremos más fluidamente con las propias emociones y percepciones, lograremos tener una opinión realmente propia y no una mera repetición de opiniones y dictámenes ajenos: seremos más verdaderamente nosotros mismos. Sin embargo, creo que las cosas no terminan allí.

Además de lo heredado por nuestro condicionamiento, existe un factor importante a considerar, y que aún no es apreciado en toda su magnitud. Existe la herencia genética de actitudes y estados de ánimo.Herencia psicogenética que forma parte del cúmulo de mandatos qu s han transmitidos generacionalmente, de los cuales es necesario ir diferenciándose a fin de lograr encauzarnos en nuestro propio camino de Autorrealización.

Tanto la Autorrealización como la Realizaión vincular son la senda del desarrollo pleno del individuo.

El autodesarrollo es la búsqueda de nuestro potencial.

El proceso de autoconocimiento implica, a mi modo de ver y en forma central, lograr distinguir nuestra verdadera voz en el vociferante coro de voces internas.


En una quieta y paciente introspección, cada uno de nosotros tiene la posibilidad de determinar cuál es su propia verdad en cada instante,válida para nosotros.


Esta verdad es lo que vemos, lo que nos parece o no justo, honesto, recto y sano. Sin embargo, creo que, para ver claro, el proceso requiere de paciencia, sensibilidad y persistencia y, frecuentemente, de ayuda externa. El famoso “conócete a ti mismo” del templo griego puede ser un proceso largo pero viviicante.


Bibliografia:

Rogers, Carl R. (1951), Client-Centered Therapy: Its Current Practice, Implications, and Theory, Houghton Mifflin. Boston.

Celis, A.(2000), “Aceptación y niveles de consciencia en psicoterapia transpersonal”, en Revista Praxis, Nº 2,Escuela de Psicologia Santiago de Chile



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